Estos pies salieron de Alicante el 10 de marzo y cientos de kilómetros después
llegaron a Madrid. Los conocimos después de una de las etapas más duras, casi 30 kilómetros. Eran las siete y media de la
mañana, después del desayuno, y faltaban unos minutos para que la marcha iniciara el penúltimo tramo antes de
llegar a Madrid. “A cada pueblo llegamos cansadas, pero esperemos que al llegar
a Madrid saquemos el cansancio de donde sea” comentaba la persona propietaria
de estos pies mientras se acomodaba la gasa antes de ponerse el calcetín.
A sus 24 años no es la primera vez que estos
pies dan pasos firmes al son de una reivindicación. “Apoyé a los mineros cuando
fueron a Madrid” añadía. Al preguntarle por los mensajes lanzados para
criminalizar las marchas, su indignación germinó con rapidez. “Nosotras no le
quitamos el dinero a nadie, solo protestamos pacíficamente” apostillaba. El
cansancio físico se soluciona descansando, y el hartazgo ante las desigualdades
y desmantelamiento de los derechos se transmite manifestándose en la calle. “Estamos aquí porque estamos hartas de
que nos traten como un pueblo tonto”.
Texto y foto: A.T.
Texto y foto: A.T.