domingo, 16 de marzo de 2014

Las Marchas siguen hacia Madrid a pesar de la lluvia, el cansancio y los alcaldes


La llovizna y el frío penetrante acompañaron este jueves a la columna de Alicante, Elche y Vega Baja de las Marchas de la Dignidad al cruzar la frontera y adentrarse en territorio castellano manchego, donde estaba previsto el encuentro y unión con la columna de Murcia para seguir juntas el camino que culminará en Madrid el próximo día 22. Pasadas las nueve de la mañana, la comitiva salía de Villena en dirección a Caudete escoltada por guardias civiles de tráfico, que gestionaron eficaz y amablemente el paso de la marcha y de los coches que iban y venían por la carretera de doble sentido que une los dos municipios.
Poniéndose una chaqueta sobre otra chaqueta, José Andrés, portavoz de la PAH de Orihuela e integrante de la columna alicantina, comentaba la recepción que habían tenido hasta el momento en las localidades por las que habían pasado. En casi todos los pueblos tuvieron un buen recibimiento por parte de las autoridades locales, pero en seguida salió a colación lo ocurrido en Novelda, donde se vieron obligados a recalcular el itinerario porque el gobierno municipal de la gürteliana Milagrosa Martínez no permitió dejarles cruzar por el casco urbano para seguir hasta Elda. “Aunque no soy yo muy bíblico, en este caso vale lo de por sus hechos los conoceréis”, sentenció José Andrés apretando el paso para avanzar y huir del frío.



Pero en lo relativo a recibimientos consistoriales, lo mejor estaba aún por venir. Al llegar a Caudete, sobre las 12 del mediodía, se produjo el encuentro con los murcianos, y juntos se encaminaron al Ayuntamiento de la localidad para hacer notar su presencia a la alcaldía del PP. Y efectivamente su presencia la notó el alcalde, José Miguel Mollá, quien salió a la puerta del Ayuntamiento con la intención de caldear los ánimos.“A ver un momentico ¿Quién es el que ha estado diciendo eso de José Miguel cabrón?”preguntó desafiante el alcalde a la abarrotada acera de enfrente. “Yo”, contestó un murciano. El regidor, con la misma actitud desafiante, inquirió “¿Y usted por qué me dice a mi cabrón?”, a lo que el mismo murciano contestó “pues porque no le conozco”.  A partir de aquí un político responsable y prudente hubiera rehusado continuar un intercambio dialéctico de tan alto nivel, pero el señor Mollá no, el señor Mollá contestó, textualmente, “¿ah, que como no me conoce me dice usted a mi cabrón? O sea algo parecido a como si yo le digo a usted hijo puta ¿no? (sic)”.

Desde ese momento los gritos fueron en progresión ascendente. El alcalde seguía, en su actitud altanera, replicando a las consignas de los manifestantes. “¿La cueva de Alí Babá por qué?”, preguntó dirigiéndose al grupo cada vez más soliviantado. Al final los gritos e insultos de un lado a otro de la calle acabaron siendo cara a cara, hasta que tres policías de paisano estiraron del brazo del alcalde para sacarlo del mogollón y devolverlo a las dependencias municipales. La impresión general tras el suceso fue que el ilustre regidor quería ver sangre, y por como acercaba la cara a los manifestantes parecía que no le importaba que fuera la suya. Nada de eso pasó, son Marchas por la Dignidad, nadie cayó en la indignidad de tocarle la cara a tan simpático primer edil.




Antes del incidente, Arcadio, coordinador de la columna de Murcia, que había llegado a Caudete la noche anterior, explicó que al solicitarle al alcalde permiso para pernoctar en el polideportivo municipal éste manifestó mil reticencias, que condicionó el permiso a que no metieran banderas con símbolos ideológicos porque si no él tendría que poner la bandera preconstitucional del águila; y que finalmente acabó por ceder las instalaciones previo pago de una fianza. Hotel Caudete.

Hora de comer. Tras la trifulca, Nacho García, de la columna de Alicante, y tres compañeros más entraron en el Ayuntamiento a pasar por registro el manifiesto de las Marchas, que a continuación fue leído por megafonía en la puerta y aplaudido convenientemente. De allí el grupo se desplazó al polideportivo municipal, donde habían sido trasladados en furgones los víveres. Campamento Cansancio. Pies con bambollas imposibles; masajes con linimento; cabezadas furtivas en sillas incómodas; regletas abarrotadas de cargadores conectados a móviles con la batería baja…


Ahora sí, hora de comer. El menú, variado, iba desde tres perolas de arroz con costra hasta varias bandejas de macarrones y espaguetis, pasando por una gran olla de patatas a lo pobre. Paco, de la PAH de Guardamar, para ilustrar el apoyo social mostró un bote de cinco kilos de surtido de encurtidos que un comerciante les donó solidariamente. Así mismo, como la solidaridad es contagiosa, Paco indicó que habían tenido que donar algunas vituallas al Banco de Alimentos ante la imposibilidad de consumir todo lo que habían ido recopilando.

Tras la comida y el merecido descanso, murcianos y alicantinos formaron un círculo para decidir en asamblea los pasos a seguir esa tarde. El plan era trasladarse a Almansa y hacer noche allí. Tres opciones había sobre la mesa para pernoctar. La primera y favorita era acampar en los soportales del Ayuntamiento; la segunda era acudir al hospital de la localidad, infectado por el virus privatizador del PP de Cospedal, y solicitar atención a sus maltrechos pies como acto simbólico. Esta opción pronto quedó rebatida por la eventual falta de consideración a los usuarios del centro, que no verían con buenos ojos que medio centenar de activistas colapsaran las urgencias.

Como tercera opción quedaba una nave cedida por las organizaciones Kolectivo Rockero Almanseño (KRAL) y Malestar de Almansa. La asamblea votó mayoritariamente hacer noche en el Ayuntamiento. Tras tomar la decisión llegó la hora de recoger los bártulos y trasladarse al municipio contiguo. Unos 15 kilómetros separan Caudete de Almansa. La lluvia fría y la imposibilidad de llegar de día si se hacía el camino a pie acabaron por cargar los vehículos disponibles para mover al grupo a la localidad vecina.

Una vez desplazados todos, sobre las seis de la tarde, un café reconstituyente en un bar de las afueras precedió a una marcha de las Marchas, valga la redundancia, hacia el Ayuntamiento, donde se celebraría una mini manifestación conjunta con los colectivos almanseños. Éstos, que eran pocos pero estaban bien preparados, portaron cencerros y acompañaron la comitiva con un coche con megafonía en la baca. La protesta estaba programada a las siete y media y a las siete el grupo comenzó a avanzar hasta el centro del pueblo.

La conclusión del día fue otra discusión entre el grupo y la alcaldía para decidir dónde harían noche. Ante una primera negativa del Consistorio de cederles una instalación municipal con calefacción para pasar la noche, tras la presión de los caminantes el gobierno municipal cambió de parecer y acabó por abrir las puertas del pabellón. Fue una de esas pequeñas victorias que espolean al grupo para seguir adelante. La jornada concluyó del todo con una chocolatada por cortesía del colectivo KRAL. Después a dormir, que al día siguiente la ruta sigue y la gente digna seguirá en ella haciendo camino al andar.

Crónica: Miguel Ángel Valero. Fotos: Manolo R. Sala